LA PIRAGUA DE VERDAD NO SE HACE CON MAQUINITA.

Con mucho respeto a los que compran la piragua hecha en maquinita de Walmart…
Pero esa no es la piragua boricua.
Esa es la versión moderna, rápida, sin historia, sin sudor, sin barrio.
La piragua de verdad era otra cosa.
Era el piraguero peleando con el bloque de hielo, raspándolo a brazo limpio,
Como si estuviera tallando un pedazo de Puerto Rico.
Cada raspazo era un sonido de infancia.
Cada golpe era un recuerdo.
Cada vaso era cultura servida fría.
La magia no estaba en el sirope.
La magia estaba en el esfuerzo, en el hombre detrás del carrito,
En la cuchilla vieja que sobrevivía veranos enteros,
En el bloque de hielo que se derretía mientras el barrio hacía fila.
Eso era lo que hacía la piragua única.
No era un producto.
Era un ritual.
Era un momento.
Era un símbolo de quiénes somos.
Hoy, entre máquinas, prisa y “lo más fácil”,
Se nos olvida que la piragua era un acto de resistencia cultural:
Un boricua defendiendo su sabor con sus manos.
Y cuando perdemos eso,
Cuando cambiamos tradición por conveniencia,
Cuando dejamos que la maquinita reemplace al piraguero…
No solo perdemos un dulce frío.
Perdemos memoria.
Perdemos identidad.
Perdemos Puerto Rico
