🔥 🔥 EMERGENCIA SOCIAL — EN PUERTO RICO, Y TODO EL MUNDO

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Lloramos cuando muere alguien. Muere un joven. Muere un amigo. Muere una persona mayor. Muere un hermano.

Y entonces lloramos. Lloramos con fuerza, con culpa, con ese dolor que llega tarde. Ahora decimos cuánto lo amábamos. Ahora regalamos flores. Ahora hacemos el mejor espectáculo: motoras, carrozas, homenajes, discursos, música, velas… Ahora sí aparece todo el mundo.

Pero cuando estuvo vivo: Ni una llamada. Ni un consejo. Ni un “te quiero”. Ni un “estoy aquí”. Ni un “¿cómo tú estás?”.

Vivimos ocupados, distraídos, desconectados… Metidos en el teléfono, en el trabajo, en el ruido del día a día. Nos olvidamos de los nuestros. Nos olvidamos de que la vida se va rápido. Nos olvidamos de que el tiempo no espera por nadie.

La muerte nos obliga a sentir lo que evitamos en vida. Nos obliga a enfrentar lo que ignoramos. Nos obliga a mirar de frente la realidad: no valoramos a la gente cuando la tenemos, sino cuando la perdemos.

Es hora de sentarnos a auto–reflexionar. A mirar cómo estamos viviendo. A mirar cómo estamos tratando a los nuestros. A mirar cuántas veces hemos fallado por silencio, por distancia, por orgullo, por descuido. A mirar cuántas oportunidades dejamos pasar para amar, para apoyar, para acompañar.

Porque el homenaje más grande no es el que hacemos cuando alguien muere… Es el que damos cuando todavía está aquí. Cuando la llamada llega a tiempo. Cuando el abrazo llega a tiempo. Cuando el “te quiero” llega a tiempo. Cuando la presencia llega a tiempo.

La vida es hoy. La oportunidad es hoy. El amor es hoy. Mañana… puede ser demasiado tarde.

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